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Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

Imagen tomada de 3.bp.blogspot.com

[…] hacer lo que venimos a hacer aquí, a vivir lo que más vale de vivir y encontrar tu segunda identidad. […] confundidos no sabemos mirar, hasta que eres sincero y dices…
Fernando Delgadillo.

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-Oye, ¿y a ti, te gusta tu trabajo? -“Pues… me da para comer”.

Cuántas veces no hemos escuchado en los domingos a adultos que espetan estentóreamente la  siguiente frase: “chin, ya mañana es lunes, a trabajar.”

Tal parece que la sociedad actual se empeña en frustrar los sueños, deseos y anhelos de los habitantes del planeta tierra. Educamos para que nuestros hijos cuando lleguen a ser adultos sean unos sujetos que encajen perfectamente en el engranaje de la Gran Maquinaria que dicta la economía en turno.

Los papás en la actualidad se espantan cuando su hijo les dice que quiere ser pintor, bailarín, escultor, filósofo o músico de rock and roll. Entrenamos a los infantes para que sean productivos, los disuadimos de sueños tan “irreales e infructuosos” como pensar ser artista, fisicoculturista, futbolista, beisbolista, escritor. Educamos a los pequeños con el firme propósito de que adquieran las competencias básicas para que sean sujetos productivos para la Sociedad.

¿Qué le apasiona a tu hijo? ¿Qué le apasiona a tu alumno? ¿A qué se quiere dedicar toda su vida? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué quisiera estar haciendo el día entero? Parece ser que los que trabajamos para la Educación hemos perdido esa brújula, nos dedicamos a que nuestros alumnos completen los contenidos, a que logren los aprendizajes esperados, a que adquieran las competencias estipuladas por la OCDE. Lentamente nos estamos olvidando de la esencia de la existencia: venir al mundo a disfrutar. Venir al mundo a ser feliz. Será quizá tal vez por eso el gran incremento de jóvenes que afirman que su existencia no tiene sentido, es por eso que vemos jóvenes deprimidos, es por eso que a muchos esta vida, la vida que se les ha planteado e impuesto no les satisface y deciden retirarse antes de tiempo.

Recientemente me comentaba un colega que si él tuviera un hijo y ese hijo descubriera que le apasiona algo en la vida, como por ejemplo pintar, escribir, ser artista, escultor, músico, que él le pagaría esa pasión: “Qué importa que esa pasión no le dejara dinero para vivir, pero sin duda mi hijo sería inmensamente muy feliz, porque estoy seguro que si sigue haciendo lo que le apasiona tarde que temprano eso le dará para vivir”… como a Fernando Botero, por ejemplo.

Quizá tenga razón mi colega, habrá que ver detenidamente cuál es la pasión de nuestros hijos, cuál es la pasión de nuestros alumnos, ver qué les hace ser felices, ver qué les hace vibrar de emoción.

Vivir la vida haciendo lo que te apasiona, lo que te gusta, claro, esa pasión de preferencia debe estar socialmente aceptada evitando en lo posible crear conflictos con el contexto en el que vivimos.

La vida ofrece oportunidades para re-pensar y re-plantear nuestra existencia, deshacernos de situaciones, eventos y prejuicios que solamente afligen a uno.

Deberíamos hacerle caso a lo que hace tiempo escribió Simone De Beauvoir: “Si no vives la vida que deseas vivir, es mejor morir”.

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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Con frecuencia, algunos profesores atienden estas dificultades (problemas de conducta) de forma intuitiva, sin obtener resultados y generando mayores dificultades escolares, el único resultado es un gran sentimiento de frustración y desesperación frente a la situación.

(“Educación para todos”. Jomtien 1990)

Uno de los grandes problemas en las escuelas en la actualidad son los denominados “problemas de conducta”, los problemas de aprendizaje ya dejaron de ser ciertamente problemas debido a la gran cobertura por parte de las unidades de apoyo y también en parte por los nuevos lineamientos en donde se indica que es preferible que un alumno no debe reprobar. Hoy en día el gran problema con el que se topa el docente es con esos niños que se levantan del salón, que no acatan órdenes, que molestan al compañero, que intentan llamar la atención, que entran y salen del aula, que son groseros, que no tienen límites y un larguísimo etcétera que formaría parte del gran cúmulo de estresores de nuestros estimadísimos e ínclitos docentes.

¿A qué se debe que un infante no pueda participar de cierta manera esperada dentro del aula? ¿Por qué Juanito sí pone atención y Ronaldito y Jesusito no? La mayoría de los teóricos señalan imperativamente la etiología de su conducta disruptiva a una falla en la estructura familiar; insisten en que la conducta del infante es un fiel reflejo de la dinámica de la familia, la conducta del infante como sintomatología de la enfermedad del núcleo familiar. Los profes recurren a ese viejo estigma; si el alumno no sale adelante es que proviene de una “familia disfuncional”, pero por Dios, en pleno Siglo XXI, en pleno año 2012, en plena era de la posmodernidad, dígame ¿qué familia es funcional?

Habrá que partir de la premisa de que “toda conducta intenta comunicar algo”; la conducta disruptiva de Juanito intenta comunicarnos algo, y es allí en donde entra la labor del docente o la labor del psicólogo educativo, del director o de cualquier miembro de la institución educativa que quiera coadyuvar al buen desempeño del infante. No debemos olvidar que también dentro de la etiología de la conducta podremos encontrar disfunciones orgánicas o pormenores en cuanto a la funcionalidad de los neurotransmisores, pero eso son los mínimos, los detalles con los que nos topamos día a día en su mayoría no tienen nada que ver con neurotransmisores, genética o disfunciones fisiológicas. El docente con lo que se enfrenta día a día son con conductas disfuncionales que intentan comunicarnos algo.

Es verdad lo que afirman los profesores, que ahora los valores son otros, que los papás ya no se preocupan por sus hijos, que es la alimentación chatarra que frecuentan, que es la falta de límites y por eso ya en el aula no podemos hacer nada, pero también es una realidad que los profesores no pueden tirar la toalla de tan fea manera, los profesores deben de actuar a pesar del nulo apoyo de los padres de familia y para ello debe encontrar las técnicas y estrategias más adecuadas para satisfacer la demanda que exige la sociedad actual.

Para poder comunicarse con esos alumnos tildados de “niños con problemas de conducta” es necesario primero escuchar su conducta, qué es lo que intenta decirnos con esa conducta disruptiva, antes de medicarlo, antes de sedarlo o antes de mandarlo a la dirección o con el psicólogo, primero debemos de escuchar su conducta que se instaura en un contexto determinado, con un rol que está desempeñando en un sistema específico.

El docente en turno es un docente que ha perdido la capacidad de tolerancia y paciencia, es cierto que dicha intervención debe de darse dentro de un contexto en donde se manejen reglas y normas propias del aula escolar, pero también es cierto que el docente ya no es aquel sujeto que bien describió Cantinflas en la ya clásica película “El Profe”.

El común denominador de los alumnos que presentan un “problema de conducta” está al servicio de una carencia, es una carencia de afecto, por lo tanto, cuando un alumno en el aula se porta mal, la labor del docente será traducirlo a: “me das un poco de amor”. Recordemos que el alumno no siente que pertenece a su grupo primario denominado “familia”, mucho menos va a sentir la necesidad de sentirse perteneciente al grupo escolar.

Debemos dejar de lado esa estructura en donde el docente impone una manera de ser, en donde quiere que el grupo sea un cúmulo de sujetos alienados, deberíamos explorar un poco más en las potencialidades de cada alumno, dejar de etiquetar, optar por otras vías más saludables de atención a ellos, quizá como un método de prevención, para tener un mundo un poco más sano. Escuchar la conducta del alumno, algo bueno nos tendrá que decir.

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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La felicidad del hombre tiene por nombre “yo quiero”
Federico Nietzsche

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Dicen que la felicidad está a la vuelta de la esquina ¿en qué consiste la felicidad?

Muchos prominentes psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, filósofos, teólogos y músicos de rock and roll tienen su propia versión sobre la conquista de la felicidad.

Recuerdo haber escuchado que la felicidad se encontraba comiendo un puñado de almendras o de nueces, otros afirmaban que comiendo chocolate. Sigmund Freud nos dijo que evitáramos hasta cierto punto la represión y viviéramos a plenitud nuestra sexualidad, consejo que en la posmodernidad se ha llevado al extremo al tal punto de que varios psicólogos afirman lo contrario, un poco de represión no nos caería mal. Erich Fromm afirmaría que ahora lo que está reprimido no es la sexualidad, sino el amor, el compromiso con el otro, el construir. Bertrand Russell afirmaba que la felicidad se tiene que conquistar, que no solamente se busca y que no solamente se da; se tiene que conquistar.

¿Por qué la gente vive con problemas? Epicteto afirmaba que  los hechos o la realidad no tiene nada que ver con el malestar del hombre, que es más bien la percepción de la realidad lo que le fastidia la existencia al ser humano. La felicidad como cuestión de percepción, cuestión de actitud, cuestión de hábitos.

Para poder vivir de acuerdo a las normas que rigen la convivencia de la sociedad es necesario hacer solamente una cosa, pero esa sola cosa debe tener tres características. El ser humano, de acuerdo a la época en la que estamos viviendo (la posmodernidad) debe encontrar una actividad que le apasione, pero esa actividad que le apasiona debe ser socialmente aceptada y además debe percibir alguna utilidad.

El ser humano debe tener muy en claro qué es lo que le apasiona en esta vida, como por ejemplo ser bombero, artista, profesor, médico, vendedor de algo o músico de rock and roll, encontrar eso que te apasiona, pero eso que te apasiona debe estar socialmente bien aceptado y que le paguen por ello ya que por ejemplo algún lector despistado podría aseverar que lo que le apasiona sería por ejemplo ver la televisión, estaría cumpliendo solamente con el primer requisito que sería encontrar algo que le apasiona, pero faltarían los otros dos requisitos, que es lo socialmente aceptado y el pago por la actividad; ver la televisión gran parte del día no está socialmente bien visto y no creo que alguien pague para que te dediques a ver la televisión, claro, hay sus excepciones como por ejemplo el trabajo que tiene Álvaro Cueva. O también otro despistado lector diría “a mi me apasiona estar todo el día en Twitter”, estaría cumpliendo con el primer axioma, encontrar una pasión, pero estar tuitenado todo el día no es bien visto y a muy pocos les pagan por eso. Otro diría “a mi me gustaría tener sexo todo el día”; estaría cumpliendo con la primera regla, haría lo que le apasiona, estaría cumpliendo con la tercer característica que es el pago por ello pero no estaría cumpliendo con el segundo punto que es hacer una “actividad socialmente aceptada”.

Es por eso que aquí usted va a encontrar el secreto de la felicidad: la felicidad consiste en tomar suficiente agua durante el día (dependiendo del peso y estatura de la persona), hacer ejercicio y no cenar.  Creo que eso ya lo había dicho Spiderman, palabras más, palabras menos.

En eso radica la felicidad, en lo básico, haciendo estas tres cosas (tomar agua, ejercicio y no cenar) sería el principio de la conquista de la felicidad, claro, después llevar a cabo las tres reglas básicas de la elección de vida (hacer lo que me plazca, que sea socialmente aceptado y que perciba dinero por ello) y por último hacerle caso a Epicteto: “Lo que te fastidia en la vida no son los hechos, si no la percepción de ellos”. Por lo tanto, como dijeran muchos colegas psicólogos: “La felicidad se resume a esto: Todo es cuestión de actitud”.

Twitter: CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (psicólogo social y psicoterapeuta, estudiante de UPN)

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Después de una década de evaluaciones, la calidad de la educación, México sigue ocupando el último lugar de desempeño entre los países de la OCDE. (Resultados PISA)

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De acuerdo a los resultados de las evaluaciones de la Educación en México por parte de la OCDE nosotros estaríamos diagnosticados como sujetos con discapacidad intelectual, eso no me sorprende, ahora la vida cotidiana en México se comprende mejor, ahora ya sabemos el origen de las discusiones sin sentido de nuestros diputados, el porqué de tantas discusiones bizantinas, el porqué de tanto homicidio absurdo, el porqué de tanta vida sin sentido.

Vivir en México es lo peor, gritaba Alejandro Lora. Vivir en México es un acto surrealista, diría Salvador Dalí. Vivir en México en la actualidad se ha convertido en un deporte extremo, diría uno que otro chico snob. Somos un país tercermundista y como tal actuamos. La mala distribución de la riqueza es un síntoma más de la inequidad, de la injusticia  y de la disparidad geográfica en la que vivimos. Muy diferente resulta la vida en países como por ejemplo Suecia, Finlandia, Suiza, bueno, eso dicen. Nuestra manera de existir se asemeja mucho a cómo viven en países como El Salvador, Guatemala, Belice, y últimamente Colombia.

Para otros países, nosotros los mexicanos aparecemos como sujetos con discapacidad intelectual, si nos va bien salimos en esas evaluaciones internacionales por debajo de la norma, salimos con dos o tres años de retraso, signo fundamental para diagnosticar una discapacidad intelectual. Y eso sin mencionar el retraso en cuestiones científicas y económicas, en ese rubro estamos a años luz de países como Japón, China y Estados Unidos.

En cualquier escuela que cuente con los servicios de alguna USAER (Unidad de servicios y apoyo a la educación Regular) se atiende a los alumnos que presentan discapacidad intelectual, antes eran recluidos en algún CAM (Centro de Atención Múltiple) pero de acuerdo a la hipótesis de Vygotsky y su constructivismo social, y además atendiendo el llamado de las conclusiones del Congreso en Jomtien, Tailandia, se decidió incluirlos en las aulas regulares: “Educación para todos”.

Tenemos pues que los alumnos con discapacidad intelectual también forman parte de las aulas de cualquier escuela. Dentro de la Escuela esos alumnos son dados de alta en el servicio que presta la USAER para brindarles apoyo en las actividades que se les dificulta, actividades que por lo regular a sus compañeros no se les dificulta pero a los alumnos con discapacidad intelectual si. A un alumno diagnosticado con D.I. (Discapacidad Intelectual) se le tiene que hacer unas “adecuaciones curriculares” que consisten en modificar ya sea la manera de enseñar del docente o modificar las actividades que se llevan a cabo en el aula, es decir, si el común de los alumnos puede hacer alguna actividad pero el alumno con discapacidad intelectual no puede, eso no será un motivo para segregarlo, simplemente la actividad se modifica de acuerdo a sus alcances.

Un alumno con discapacidad intelectual tiene un pensamiento muy concreto, es muy bueno para actividades manuales, físicas, por lo regular no puede acceder a una lectura fluida y se le dificulta la comprensión lectora; ellos son felices jugando o desarmando objetos.

Para el resto del mundo, nosotros los mexicanos, partiendo de los resultados de la organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estamos diagnosticados con discapacidad intelectual, tenemos un retraso de tres años comparado con los otros países, sacamos en lugar 34 de 34 países evaluados.

Los demás países nos ven como un país manufacturero, tercermundista, con un pensamiento concreto, que no leemos y si llegamos a leer no lo comprendemos. Nos tratan al parecer como lo que somos: un país con discapacidad intelectual. Esto quizá ayude a comprender los acontecimientos de los últimos tiempos: el por qué ganó Vicente Fox las elecciones del 2000; darnos cuenta de que somos un país con discapacidad intelectual ayuda a comprender por qué a pesar de la estrategia contra el narco por parte de Felipe Calderón nosotros seguimos indolentes ante la realidad; y también ese diagnóstico explicará el por qué Enrique Peña Nieto tiene tanta popularidad.

Quizá la discapacidad intelectual que padecemos explique el por qué nos interesa saber más sobre la vida y obra de Niurka, Galiea Montijo, Ninel Conde o Carmen Salinas por encima de la obra de un Fabrizio Mejía Madrid, un Juan Villoro o un Guillermo Fadanelli.

Para los demás países, todos los habitantes de México tenemos discapacidad intelectual, y como tal nos tratan. México, un país con discapacidad intelectual.

CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”
Groucho Marx

Habrá que replantearnos el lugar del ser humano, su ser-en-el-mundo. Últimamente se ha venido  sobrestimando la posición existencial de lo humano. Para explicarnos muchas de las conductas del hombre como tal, deberíamos partir de una premisa lógica, básica y simple: somos unas bestias y como tales deberíamos partir de ese principio. “U-uu a-a” (léase como onomatopeya del chimpancé).

Continuamente llegan a preguntarme madres de familia angustiadas el por qué  sus hijos no hacen caso, pues déjeme decirles señoras que sus hijos no hacen caso y no harán caso y nunca harán caso; me gustaría decirles que deberán aprender a vivir con ello. O simplemente cuando me preguntan: “oiga psicólogo, mi hijo se porta mal, ¿qué le digo para que ya no se porte mal?” Pues dígale que se porte bien, alcanzo a decir solamente para mis adentros, al puro estilo de la Navaja de Occam, y cobrar por ello quinientos pesos, que al cabo ese es el juego que los adultos jugamos; el paciente que deposita en su psicoterapeuta toda la fe de su cambio, ya que es el “Sujeto que se Supone que Sabe”.

También es muy común el caso de las señoras que se quejan de su marido: “Señora, -le digo, o pienso decirle, - tiene de dos sopas, o lo deja y con ello deja de quejarse o se queda con él pero también debe de dejar de quejarse ya que usted está decidiendo quedarse con él”, osea uno no entiende a esas señoras que por todo se quejan, tan sencillo es mandar a su macho a chingar a su madre, pero no, allí están quejándose de la amarga existencia.

El ser humano es un animal y como tal habrá que tratarlo, a los niños se les condiciona para que sean funcionales en una sociedad determinada, entonces ¿por qué existen los problemas? Uno no se explica las aberraciones que a diario salen en el periódico como por ejemplo la muchacha que mató a su mamá o el padre de familia que tortura a su hija o la mujer que asesina a su pareja. O una de dos, o estos casos confirman lo que aquí comento, en el sentido de que son unas bestias que no fueron cabalmente socializados o simplemente no alcanzan a ver el lugar existencial que ocupan en el mundo.

Habrá que cambiar de filosofía, habrá que desmitificar esa concepción metafísica que se tiene de lo humano, habrá que des-angelizar a la bestia, hay que reconocer al hombre tal cual es; somos unas bestias, somos un poco más evolucionados que cualquier orangután, pero allí está en detalle, somos solo “un poco más evolucionados” la cuestión radica en eso precisamente, en el “un poco”.

Imagino un orangután manejando, o un orangután educando a sus hijos, un orangután cortejando a su pareja. Seres humanos jugando a que ya no son bestias, a que ya no son orangutanes, a que ya no se comunican por medio de fugaces sonidos guturales y que se han inventado todo un vocabulario complejo para designar a las cosas y sus significados.

Eso es lo que somos, unas bestias jugando a ser sujetos sociales, jugamos a vivir bajo una ética sin sustento, jugamos a perpetuar la civilización cuando en realidad somos unas simples bestias jugando un juego perverso, un juego de disfraces, un juego en donde gana el que tenga la mejor máscara, el que sea mejor “persona”, (persona, del griego máscara).

Se hacen muchos intentos por parte del Estado a través de sus instituciones para poder “controlar a la bestia” para que el juego de la “Civilización” continúe. Sabemos que la Civilización es una farsa y como tal hay que preservarla, primero lo hizo la religión, luego el humanismo, luego el laicismo y su escala de valores, luego la ciencia nos prometió que nos salvaría, pero a estas alturas la Sociedad se está resquebrajando, la Sociedad se está yendo al traste, en pocas palabras la Sociedad está “valiendo madres”; las instituciones que antes daban sustento a cualquier cultura ahora se tambalean; la Iglesia, la Educación, la impartición de Justicia, la Familia, el matrimonio, todo se está restructurando, y para que se re-estructure es necesario desvalijarla, tumbarla, derruirla y volver a construir.

¿Y qué con esto? Nada, no propongo una teoría, no propongo una solución, mucho menos un cambio utópico, simplemente describo lo que pasa, lo que acontece, la “naturaleza artificial” de la que somos parte; Nietzsche dijo “Humano, demasiado humano”, ahora diría “Bestias, demasiado bestias”.

 CarlosLector


Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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 “Papás, maestros, seamos duros, seamos estrictos, seamos disciplinados con nuestros hijos, ahí empieza todo, ahí está la semilla que necesitamos”.
 Melchor Sánchez De la Fuente, Alcalde de Monclova, Coahuila, (en nota del periódico Zócalo).
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Educar es una tarea imposible, ya nos lo advertía Sigmund Freud. Y más ahora; educar en tiempos de la posmodernidad se ha convertido en una misión imposible, en un deporte extremo, en una lucha eterna, sin límite de tiempo, pactada a infinitas caídas. Eso es lo malo, se ha visto la Educación en el hogar como una lucha entre padres contra hijos. ¿En qué momento las criaturas todas bellas, todas lindas se convirtieron en el hazme reír de los padres inexpertos, hedonistas, superfluos, banales y demás? Educar en el hogar es un caos, muchos padres desisten y le encargan a la nana esa tarea, educar a los pequeños, o ya de perdido que la televisión sirva para algo y los ponen frente a la tele para poder hacer la vida más llevadera.

La autoridad en el hogar se ha visto demasiada relajada, antes con una sola mirada hacíamos caso a nuestros padres, ahora, hasta el Alcalde de Monclova llama a la ciudadanía a ser “mas estrictos con sus hijos” que un buen ciudadano se forja en casa.

Recientemente en Monclova un padre de familia torturó a su hija quemándole una rodilla con un cigarro. ¿Hasta dónde está permitida la disciplina, el castigo, las reglas? ¿Quién impone el parámetro de lo permitido? Recuerdo que en los años ochentas los psicólogos afirmaban que no se les debería pegar a los niños porque si no les causaban traumas. Es cierto que nuestros padres crecieron bajo una rigurosa y muy estricta disciplina en el hogar, eran comunes los golpes con una vara o con un cinto, lo mismo sucedía en la Escuela, los profesores contaban con el aval de los padres de familia para utilizar cáscaras de nuez e hincar a los chamacos que fueran causantes de algún disturbio, ponerles orejas de burro o golpes en las palmas de las manos. Ahora es diferente, los alumnos se escudan en los “derechos del infante” y los padres se niegan a ejercer su autoridad para no recordar los traumas de su infancia.

¿Cómo educar a los niños-hijos de la posmodernidad? Las nalgadas son válidas, claro, dentro del límite de tolerancia, estamos hablando de pequeños que aún no logran percibir la gravedad de sus actos, como haberle pegado a su hermano menor, por ejemplo; pero no es recomendable andar dándole nalgadas a los peques, es un recurso que se debe utilizar en contadas excepciones, cuando la conducta del infante ha sobrepasado los límites de lo tolerable. Las nalgadas se utilizan en un periodo de la infancia que ronda entre los dos o tres años hasta los cuatro o quizá cinco años, ya después el infante crece y sabe la diferencia entre el bien y el mal, para esto hay que hacer uso de la disciplina sustentada en consecuencias, es decir, educar al infante en base a las consecuencias de sus actos: “si haces esto, la consecuencia de tu acto es que no podrás ver la televisión” o “si haces esto otro la consecuencia de tu conducta es que podrás salir a jugar con tus compañeritos” y así el hijo podrá discernir las conductas en base a su consecuencia, sabrá diferenciar lo que le causa placer de lo que le causa aversión.

Educar en el hogar se ha convertido en una tarea apoteósica, las mujeres son las heroínas de la posmodernidad, el relajamiento en la educación en el hogar lo estamos viendo reflejado en la sociedad. El niño que no supo distinguir entre conductas socialmente aceptadas de las conductas que no lo son, tiene un futuro incierto, un futuro sin una estructura psíquica que le diga qué está bien y qué está mal. De hecho deberíamos reformular el DSM-V, eliminar todas esas psicopatologías y catalogar a los seres humanos simplemente en dos vertientes: los que hacen daño al prójimo y los que no. Los que hacen daño al prójimo son más parecidos a unas bestias, precisamente de eso se trata la educación, de civilizar a la bestia, entonces ante la pregunta ¿por qué hizo eso el adulto que torturó a la niña con un cigarro? fue precisamente por eso, por que ese señor no estuvo bien socializado, se quedó en una etapa infra-humana, es una bestia y como tal debemos de esperar esas conductas. Todos en un momento fuimos bestias pero la educación se encargó de socializarnos, hubo quien se quedó en el camino y por eso actúa como tal, como bestia; hubo otros en los que si funcionó esa educación e intentamos razonar sobre nuestros actos. Menuda tarea la que tienen los padres que recién se estrenan como figuras de autoridad en plena era de la posmodernidad. Los compadezco señores. Los compadezco.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Todo chiste, en el fondo, encubre una verdad”.
Sigmund Freud

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¿De qué estamos hechos? ¿Cuál es la esencia de la especie humana? ¿Qué cosas pertenecen a los “quiditativo” y qué cosas son meros accidentes? ¿El hombre es bueno por naturaleza? ¿es malo? ¿es una tábula rasa? ¿es soplo divino? ¿es producto de la evolución? ¿es un ser artificial?

Quizá la discusión no la podamos responder a pesar de cuarenta mil años de civilización, pero lo que si podemos sospechar es qué es lo que se trae el ser humano cuando hace uso de artimañas tan elaboradas como lo es “el chiste”.

Para conocer la “naturaleza humana” solo basta leer o escuchar uno que otro chiste. Ya lo dijo Sigmund Freud en su libro “El chiste y su relación con el inconsciente” y también recientemente Alejandro Jodorowsky desentrañó el tema en su libro “La Sabiduría de los chistes”.

Dime un chiste y te diré qué es lo que deseas. Cuéntame un chiste y te diré que cosas guardas en tu inconsciente. El chiste manifiesta atisbos insospechables de lo que realmente es el ser humano, por medio del chiste manifestamos cosas que no podemos decir abiertamente. Los chistes más comunes versan en torno a la infidelidad, a la homosexualidad latente, o a pepito que está en constante descubrimiento de su sexualidad.

El chiste libera lo perverso que tenemos cada uno de nosotros. Hay chistes misóginos, chistes misántropos, chistes homofóbicos, chistes xenófobos que en su gran mayoría causan hilaridad, porque lo bueno de que se afirme algo mediante un chiste, -intentamos asegurarnos en un diálogo interno-  es que son historias que no sucedieron, son historias contadas en broma que solo sucedieron en la mente del que lo cuenta y desata la imaginación en el que lo escucha. El chiste propicia un encuentro entre dos sujetos o más que coinciden en hacer mofa, burlarse o reírse de las desgracias propias de cualquier mortal.

Por medio del chiste podemos enterarnos de lo que realmente desea, piensa o quiere la persona con la que estamos conversando; por ejemplo hay casos en que un amigo, compañero o simplemente un conocido lanza algún improperio hacia nuestra persona añadiendo al final un “hay no te creas, es broma”, o “te lo dije jugando”. ¡Es obvio que te lo dijo en serio! -¡Eso es  realmente lo que pienso de ti!-.

Entre broma y broma la verdad se asoma. Por lo tanto, en la próxima conversación que usted escuche algo semejante lo podrá traducir de la siguiente manera: “Te lo digo jugando porque no me atrevo a decírtelo en serio, pero como quiera ya te lo dije, pero para no perder tu amistad lo aderezo con un “pero es broma eh”…

Como resulta imposible andar por el mundo expresando nuestros más oscuros deseos, por eso qué mejor que contar uno que otro chiste, total, que al cabo ni es cierto… ¿o si?

Posdata: después de haber leído lo aquí escrito, 8 de cada diez personas le pidieron a sus respectivas parejas que le contaran un chiste…

@CarlosLector

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